La entrevista que presentamos hoy se realizó en diciembre del 2005 pero, por problemas de espacio, no se publicó en TRAX hasta mes y medio después de su fallecimiento. En la entrevista hablaba del tercer CD-mix, “POPOTRONIC 3: EL PROBLEMA” que cerraría una de las mejores sagas de sesiones enlatadas de la historia de nuestro pais y de la composición de su segundo álbum, Leire "Canciones Siderales", del que desafortunadamente tampoco pudo ver su edición.
Sideral
SUPERNOVA
Texto: Albert Hernández
Los altavoces ya no emiten su música y los festivales no volverán a colgar su nombre en el cartel. Pero una generación le recordará como el deejay que les hizo descubrir la electrónica. Otra heredará su espíritu y continuará con lo que él empezó. Corría el mes de diciembre cuando Aleix Vergés se prestaba a charlar con nosotros. Con un ritmo de trabajo abrumador y un montón de proyectos por delante, nos comentaba humildemente que nunca se acaba de aprender.
Cuéntanos qué tal va el sello que montaste con Carles Baena…
En realidad, está bastante parado. Movimos todas las cuestiones legales necesarias, con todo lo que eso conlleva: impuestos, etc. Pero cuando vimos que suponía más pérdidas que beneficios lo cortamos de raíz. Aunque el nombre sigue existiendo como zona virtual. Estoy grabando un mix-CD y estoy a punto de sacar mi segundo disco como compositor y, lógicamente, intentaremos sacarle todo el jugo posible.
¿Cómo será este segundo disco?, ¿irá en la línea de lo que has hecho hasta ahora?
Pues no. Sinceramente, éste es un trabajo diferente. De entrada es en castellano y no en inglés. A parte de ser más maduras, creo que las canciones son suficientemente buenas y comerciales como para poder tener un buen mercado. Ahora mis aspiraciones actuales como músico son otras. Quiero llegar al máximo de gente posible porque pienso que lo que estoy haciendo no es tan complicado y puede gustar a cualquier persona.
Tu trabajo se caracteriza por mezclar pop, rock y electrónica, algo que fue innovador en su momento. ¿Crees que esto ayuda a abrir un poco el concepto de techno?
¡Sí, claro! De hecho, provoca la apertura a nuevos elementos. Un fundamentalista del techno te diría que lleva a su desaparición. Pero yo parto de la base de que la gente se tiene que divertir, y hay que ofrecerle todo tipo de música. Me he encontrado mucho disc-jockey que va del palo: ”Esto no lo pongo porque no lo van a entender”. Pues mira, tío, si no lo van entender a lo mejor no eres tan buen deejay.
Entonces, ¿cuál crees que es la clave para enganchar a la gente?
El truco de la música electrónica, ahora que estoy trabajando en ello en serio por primera vez, está en saber parar antes de perderse en la inmensidad…
…y hacerse repetitivo.
Sí, sí, ¡exacto!
Ahora que estás en época de cambios, ¿sigues trabajando con vinilos o vas a apostar por las nuevas tecnologías?
Soy muy romántico y partidario del vinilo. Pero te daré una primicia que no he dicho a nadie: en breve me pillaré una mesa pequeña con dos iPods.
¿Con iPods?
Me hacen gracia, hace dos años que tengo uno. Y recuerdo un día del año pasado: hablando en broma con mi padre le dije que tenía una idea, que estaría muy bien que el iPod tuviera un sistema para graduar la velocidad y se inventara una mesa de mezclas para ellos. Porque, ¡ostia!, ahorras mucho espacio. Coges un avión con una mesa pequeña y los iPods y no ocupa nada. ¡Y ahora ya lo han inventado!
Veo que en el mundo de la música electrónica también hay romanticismo…
Parto de una base real: el vinilo suena mucho mejor que el CD, esto es una verdad indiscutible. Es así y no me preguntes por qué, porque no lo sé. He visto salas perdidas de pueblos de Galicia y Pamplona que suenan mil veces mejor que cualquier discoteca puntera de Barcelona cuando el deejay pincha con CDs.
Reeditaste tu primer trabajo, Peanut Pie. ¿Cómo van las ventas?
No lo sé, creo que no muy bien. La historia tiene mucha gracia, porque hemos reeditado un disco que en su día ya no se vendía bien.
Pero ha pasado el tiempo y has conseguido cierta fama. ¿El hecho que aparezca tu nombre facilita las cosas?
No te creas. Por ejemplo, en el proyecto de música rock en el que estoy trabajando mi nombre no saldrá por ningún lado. Igual que tengo muchos seguidores tengo también muchos detractores. Pienso que tengo más posibilidades de éxito si la gente no sabe que yo estoy detrás, pero esto, lógicamente, está en manos de la discográfica, que es quien manda.
En referencia a eso que decías antes sobre el hecho que buscas divertir a la gente: no buscas glorificarte, simplemente ofreces tu talento…
Claro, claro, es mi trabajo. La gente paga un dinero por entrar en la sala donde estoy pinchando. Hace 12 o 13 años que me dedico a esto y tengo muy claro que, básicamente, la intención de los asistentes es ver si se emborracha o si folla. Después, hay un pequeño grupo de personas que tienen interés por la música.
Es decir, ¿eres un mediador de esta gente que busca ligar?
Realmente sí, porque me considero parte de esta gente, con la diferencia de que estoy en la cabina. Nunca me he sentido, aunque por mi carácter pueda parecerlo, diferente de los que están bailando en la pista. Yo también he sido público.
Ahora que hablamos de público, actualmente en Barcelona hay muchos clubs, como Nitsa, Moog, Discothèque, La Paloma… ¿Esto es bueno para la música o la deteriora?
¡Es buenísimo! Por ejemplo -no te quiero vacilar-, tengo una colección de 20 000 discos. Y hace una semana o dos fui a La Paloma, por temas que no tenían nada que ver con la música, y tocaba un grupo que se llamaba Cake, que no conocía de nada. Aparte de que me encantaron, me fascinó el hecho que con 31 años vaya a un garito y toque un grupo que no conozco de nada y aún me pueda sorprender. Esto es muy positivo.
¿Crees que pasó una cosa parecida contigo?
Parecido, lo que pasa que el Nitsa lo hicimos todos juntos. Yo sabía lo mismo de música electrónica que el que estaba en la pista. Fue improvisación pura, hicimos que todo tuviera su orden natural. Supongo que al haber hecho esto, hicimos que fuera lo que fue, mítico. Todo el mundo sabía qué sitio le correspondía. Estoy muy agradecido a Gabi y a toda la gente de allí porque se atrevieron a decirme: “Vas a pinchar discos, te pagamos el triple y tienes la libertad de hacer lo que te dé la gana”. Esto no pasa todos los días.
El Nitsa es especial, ¿no?
Es una cosa especial porque lo creamos yo, como disc-jockey, y Gabi, como promotor. Lo hicimos nosotros y el público. Fue un proyecto que fuimos improvisando y que siento muy mío, porque fui residente durante cinco o seis años. Ha sido mi escuela, allí me eduqué y allí aprendí casi todo lo que sé. Hoy en día aún sigo aprendiendo. Si tu profesión te interesa nunca dejas de aprender.
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